La tierra, desde el cielo
El trabajo consiste “básicamente en simplificar los elementos que configuran las gavias, los trastones que las definen, los nateros y los cercados. Si te fijas, la exposición contiene una especie de evolución, porque poco a poco fui simplificando elementos. Hay una serie de líneas que son cercados que, desde la perspectiva aérea, desde el paisaje de la vertical, cambian totalmente. A partir de fotografías aéreas y mapas voy quitando la paja, todo lo que no me interesa, y van apareciendo ese tipo de desarrollos”.
Silverio, ceramista, escultor y fotógrafo, lleva toda la vida volando de isla en isla. “Desde pequeño estoy viajando en avión y mirando el paisaje, que es otro paisaje que te despega de lo cotidiano; lo miras desde otro punto de vista y se simplifica en líneas y colores... Siempre tuve en mente trabajar ese tema. Ahora compré el tórculo y empecé a trabajar los grabados, que era una asignatura que tenía pendiente”, afirmaba en una entrevista de 2002.
Escribir sobre la tierra
El resultado es espectacular en su sencillez. Los dibujos trazados inconscientemente por los campesinos majoreros que un día levantaron gavias y cercados sobre el suelo sugieren organismos vivos, quizá larvas de invertebrados. “Hace tiempo que manejo estos elementos, los animales informales o microscópicos. Los grabados se asemejan a esos animales, y también a grafías, a un tipo de escritura que se ha ido escribiendo por sí sólo en la tierra como sobre un pergamino. Viéndolo desde esa perspectiva, parece que hay un mensaje a otro nivel. A veces me recuerdan las líneas de Nazca, que nadie sabe cómo se hicieron ni qué función tenían.”
Silverio sigue sumergido en este proyecto: “Sigo con la caligrafía esencial, con las gavias. Sigo trabajando el tema, pasando también a otros motivos como las curvas de nivel; de alguna forma las exposiciones no están completas”. No obstante, el artista prevé sacar series numeradas de sus grabados.
Un personaje polifacético
Silverio López se dedica a la cerámica, la escultura, la fotografía, el vídeo y, en general, a dinamizar la vida artística de allí donde se halla. Ha ejecutado, compartido o dirigido talleres, cursos, seminarios, campos de trabajo y congresos de cerámica tradicional, murales, audiovisuales o escultura urbana: es autor de la Pinta de los vientos, sita en la céntrica calle de León y Castillo, y de otras piezas menos atinadas, como el homenaje a Suso Machín que permanece a la sombra de la Iglesia del Rosario y que ilustra perfectamente el arte de encargo. Su obra ha sido expuesta en varias de las islas Canarias y en Cuba. Desde su refugio en el campo, entre Tesjuate y Triquivijate, promueve habitualmente encuentros de creadores y artesanos en talleres que se celebran en un ambiente de convivencia rural y un tanto jipi.
Su proyecto Territorio imaginario es una iniciativa en pro del intercambio de puntos de vista, técnicas e ideas que ha recibido el apoyo de la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Puerto del Rosario, de la Consejería de Cultura del Cabildo Insular y de la FEDAC del Cabildo de Gran Canaria. Ha contado ya con la visita de artistas como la japonesa Mami Kato (1998) y los cubanos Vladimir de León Llaguno y Carlos Eloy Perera Cosme (1999), y en su seno se han celebrado ya el I Encuentro de Arte y Naturaleza en Fuerteventura (1999) y el Encuentro Canario de Cerámica (2000).
En Caligrafía esencial, por medio de la simplificación progresiva de los elementos que configuran los diseños agrícolas, López descubre formas inesperadas, sencillas pero reveladoras de una escritura secreta trazada inconscientemente por los campesinos majoreros que un día fundaron sus existencias sobre el suelo, confirma indirectamente la profunda implicación del hombre con la tierra y nos devuelve el recuerdo de una relación más armónica con la naturaleza, una relación hoy olvidada.







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