El Museo de Betancuria
Betancuria es, en muchos sentidos, un hermoso destino. Su orografía, los cultivos y la vegetación que cubren las laderas del barranco, la exuberante flora urbana, los viejos edificios y el templo de Santa María conforman un interesante acervo natural y cultural y la convierten en visita obligada para el turista y en ameno paseo para el majorero de cualquier rincón de la Isla.
Dentro de su oferta destaca el Museo de Betancuria. Integrado en la red museística que depende de la Sección de Patrimonio Histórico de la Consejería de Cultura del Cabildo Insular, este museo de carácter antropológico y arqueológico ofrece al visitante un recorrido por lo que fue la cultura material y espiritual de los majos, los aborígenes de Fuerteventura. La belleza del edificio y del espacio ajardinado que lo rodea y el interés indudable de los materiales que alberga no ocultan, no obstante, unos criterios museísticos algo relajados y cierta necesidad de actualización. Actualmente algunas de sus dependencias se encuentran en obras para la mejora de sus condiciones.
Existe una Guía didáctica del Museo de Betancuria: la cultura de los majos, folleto de gran ayuda para la comprensión de los materiales expuestos en el local que ensombrecen, no obstante, una maquetación muy pobre y una redacción deficiente que cae en errores frecuentes. El museo quiere ser, según manifiesta su Guía, reflejo de la memoria colectiva y de la conciencia histórica de los majoreros. A tal fin, y aun reconociendo el estado incompleto de los estudios sobre el mundo aborigen, expone materiales procedentes de las excavaciones practicadas en la Cueva de los Ídolos (La Oliva), la Cueva de Villaverde (La Oliva), La Atalayita (Antigua) y Montaña de la Muda (Puerto del Rosario y La Oliva). Los fondos del museo proceden casi siempre de hallazgos casuales o de saqueos, y en menor medida de prospecciones profesionales; en este sentido, los trabajos arqueológicos en la isla han sido pocos y no demasiado sistemáticos.
Un pequeño tesoro etnográfico
De cualquier forma, del interés indudable de la muestra da fe la estadística: siendo, con mucho, el museo de la red cabildicia más apartado geográficamente, el de Betancuria es uno de los más visitados por majoreros y turistas. En él se encuentran las huellas de una cultura que se caracterizó por un esfuerzo notable de adaptación a un medio hostil y que se especializó -al margen de los recursos de la pesca, la recolección o la caza menor- en la ganadería: la sociedad, la economía, la industria e incluso el arte de los majos giró absolutamente en torno a la cabra. Es este hecho el que más nos relaciona hoy a nuestro pasado.
Las fotografías y las reconstrucciones gráficas, complementadas por cartelas con textos procedentes de las crónicas y de estudios especializados, proporcionan información bastante detallada. Utensilios domésticos de la industria lítica u ósea, cerámica (en especial un hermosísimo tofio con ornamentación incisa), ídolos de diversos materiales y tipologías, molinos de mano (naviforme y circular) y otros muchos objetos conforman un pequeño tesoro etnográfico y nos permiten una visión global de lo que hoy conocemos del pasado prehispánico.







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