Betancuria

La fundación de la que fue primera capital de la isla data de 1404, a continuación del desembarco del normando Juan de Béthencourt que le dio nombre. Betancuria, aunque los señores de la isla se marcharon a Tenerife en el siglo XVII y ya nunca regresaron, fue capital de Fuerteventura hasta la reorganización administrativa liberal de 1834. Hasta ese momento fue sede del Cabildo Insular y parroquia única o principal, en rivalidad desde principios del siglo XVIII con La Oliva, por ser ésta sede de los Coroneles a quienes encargaron los Borbones la custodia militar de la isla.

Su parroquia de Santa María, que en sus inicios fue sede de obispado y conserva el rango de iglesia catedral, fue edificada en estilo gótico-normando, pero durante la incursión berberisca de finales del siglo XVI resultó incendiada y hubo de ser reconstruida prácticamente por completo (1684-1697), aunque conserva algunos elementos originales, como el campanario. En su interior, aparte el cuadro de ánimas que es típico de las iglesias canarias y un interesante óleo del tinerfeño Nicolás de Medina en la sacristía, La nave de la Iglesia (1730), destaca el artesonado mudéjar. En Betancuria, donde residió unos años san Diego de Alcalá, se conservan también la estructura del que fuera el primer convento franciscano de las Canarias, el de San Buenaventura, y la ermita de San Diego.
Enclavada en un valle fértil y protegido, Betancuria es un pequeño oasis en medio del árido macizo montañoso al que da nombre. Sus campos en primavera, tras las escasas lluvias del invierno, se cubren de flores y de un levísimo manto verde que se antoja imposible. Durante todo el año adornan su horizonte -de blancas construcciones de aspecto colonial- palmeras altísimas y bosquecillos de tuneras, éstas a veces recubiertas de la cochinilla que antaño diera vida a la isla. Merece la pena visitar el Museo de Arte Sacro, dependiente del arciprestazgo de Fuerteventura, y el Museo de Betancuria (véase artículo), de contenido fundamentalmente arqueológico y etnográfico, pese a que ambos se encuentran en deficiente estado de conservación.

También vale la pena, al aproximarse desde Antigua, detenerse en Morro Velosa a contemplar el magnífico panorama; y, pasado el pueblo, llegarse hasta el siguiente núcleo de población, Vega de Río Palmas, donde se erige la ermita de Nuestra Señora de la Peña, patrona de la isla; cada tercer sábado de septiembre se celebra su festividad, y la romería y la algazara alegran el corazón de la isla durante días (véase artículo). Un poco más allá, en dirección a Pájara, hay que acercarse hasta el embalse de Las Peñitas y el desfiladero de Mal Paso: un paseo espectacular.