Guía personal de Fuerteventura

Fuerteventura es una isla para mirar despacio. Frente a lo espectacular del paisaje de otras islas (La Palma, Tenerife, Lanzarote), la isla majorera requiere una mirada minuciosa, que se detenga en los detalles. Se trata de un terreno adusto, sin concesiones; y un mar a veces hostil, aún por domesticar. Según un dicho tradicional, a Fuerteventura se llega llorando y de Fuerteventura se va uno llorando.

La antigua Herbania, poblada en su prehistoria por los guanches majoreros (casi seguramente bereberes) y conquistada en 1404 por el normando Jean de Béthencourt al servicio del rey de Castilla, ha permanecido en grave aislamiento prácticamente hasta la explosión del turismo. Un pasado de agricultura cerealista siempre en precario, incursiones piráticas, emigración, un modesto comercio de cochinilla, barrilla, cal y otros productos en el siglo XIX, la sujeción feudal del campesinado a los poderosos de la isla y de las otras islas y el olvido por parte de la administración central ha dado paso hoy a una pujante industria turística, que ha dado la riqueza a Fuerteventura pero amenaza con dar al traste con el encanto especial que aún conserva.

Para ayudar al viajero no convencional a encontrar hilos de los que tirar, en esta web encontraréis algunos consejos y experiencias que tal vez os sean de provecho, y más de un dato de historia y cultura de la isla que os animará a indagar y recorrerla. Podéis navegar por la web usando los enlaces de la columna de la derecha. ¡Buen viaje!



Municipios

Los 1.644 km2 que cubre la que es la segunda isla del archipiélago por su extensión se reparten en seis grandes municipios: el capitalino, Puerto del Rosario (véase artículo), que incluye otras localidades como Casillas del Ángel, La Ampuyenta, Tetir, Tefía, Los Llanos de la Concepción, El Matorral, Guisguey o Puerto Lajas; Betancuria, el municipio más antiguo pero menos extenso, con otros núcleos como Valle de Santa Inés o Vega de Río Palmas, que es sede de la patrona de la isla, la Virgen de la Peña (véase artículo); Antigua, que incluye los pueblos de Triquivijate, Valles de Ortega, Casillas de Morales, Agua de Bueyes, Salinas del Carmen y el núcleo turístico de Caleta de Fuste, más conocido como El Castillo; Tuineje, que contiene además a Tiscamanita, Gran Tarajal (la segunda localidad de la isla por su población), Las Playitas, Giniginámar y Tarajalejo; Pájara (véase artículo), el municipio sureño que, además de la capital del municipio y encantadores lugares como Toto y La Pared, concentra la mayor parte de los núcleos turísticos: La Lajita, Costa Calma o Morro Jable, además de parajes naturales sobresalientes como la sierra de Jandía (el pico más alto de la isla, con 807 m.), el valle de Cofete o Ajuy; y, al norte, La Oliva (véase artículo), que además de la cabecera, cuenta con núcleos como Caldereta, Vallebrón, El Roque, Villaverde, Lajares, montañas como la Roja, la Arena o la hermosa y polémica de Tindaya, las playas de El Cotillo o el muy turístico Corralejo, frente a la Isla de Lobos.

El clima

Fuerteventura goza de un clima magnífico que permite andar todo el año en pantalones cortos. Sólo tras el atardecer se nota eso que los canarios llaman pelete y que rara vez exige algo más que una chaqueta encima de la ropa de verano. La variación de temperatura a lo largo del año es mínima, siempre en torno a los 15 a 25 grados; aunque de noviembre a marzo puede haber alguna noche más fría. Los majoreros disfrutan de 2.800 horas anuales de sol, y de un mar entre los 17 y los 23 grados en superficie. Enero y febrero son los meses más fríos, y agosto y septiembre los más calurosos; el último presenta grandes ventajas si uno no practica el windsurf: el agua del mar está aún caliente y el viento, que levanta la arena de la playa a la altura de las pantorrillas, ya se ha calmado.

La lluvia es escasísima tanto en Fuerteventura (menos de 200 mm. al año) como en Lanzarote, hasta tal punto de que, en el habla tradicional de ambas islas, la palabra invierno no designaba una estación, sino el breve período de tiempo en que caían las esperadas lluvias; y, así, se decía que "el invierno este año ha sido corto", o que "este año no hubo invierno" para referirse a la demora o a la ausencia de las precipitaciones. La poca altura de los montes majoreros impide que las nubes que traen los alisios descarguen su numedad en la isla, lo que la convierte en la más árida de las Canarias. Ahora bien: cuando llueve, el paisaje seco y aparentemente estéril se transforma y, en pocos días, un fino manto verde cubre la isla. Es momento entonces de acercarse a Betancuria o cualquier otro valle del interior.

Los vientos dieron nombre y caracterizan el clima insular. Son muy fuertes los alisios, que en verano azotan la isla y la han convertido en la sede del campeonato internacional de windsurf que todos los años se celebra en las playas de Sotavento. También es de destacar el viento que proviene de África, el siroco, que a veces llena de polvo en suspensión el ambiente, provocando una niebla seca que se conoce como calima, a veces hasta extremos sorprendentes.

Naturaleza

Al turista llamará la atención el número de cabras que se encuentran al borde de la carretera. Se trata del ganado guanil, que sólo una vez al año se recogerá en apañada para su aprovechamiento (la majorera es la raza caprina que mayor volumen de leche produce del mundo), permaneciendo el resto del año suelto por el campo. Es conveniente, por ello, conducir con cuidado.

Ese ganado se alimenta de la flora espinosa y propia de clima árido que puebla la mayor parte de la isla. La baja altura general del terreno impide que los alisios descarguen su humedad en la isla, lo que se traduce en la ausencia de bosques. Aulagas, berodes, tabaibas y cardones son característicos. El tarajal y la palmera aportan cierto verdor a valles y barrancos, por los que escasos días al año corren las aguas pluviales. En la costa se dan ecosistemas propios, como el saladar, en zonas cubiertas periódicamente por la marea en las que abunda el matamoros, o el jable, arenal blanco en el que se dan principalmente la uva de mar y el balancón.

Entre la fauna destacan insectos como la libélula, diversas especies de mariposa o la cochinilla, que vive sobre las pencas de las tuneras (chumberas) y en el pasado fue fuente de grandes ingresos para la isla merced a su aprovechamiento en la industria de los tintes; numerosas aves como la hubara canaria o avutarda, el alcaraván, el alcaudón real, el cernícalo, el tabobo (abubilla), la lechuza, la gaviota, la pardela, el aguililla y el majestuoso guirre (alimoche), casi extinto en las alturas y barrancos de la isla; y mamíferos que han sido introducidos por el hombre en todos los casos, tanto los domésticos (camello, burro, etc.) como los silvestres, entre los que destacan conejos, erizos y, recientemente, ardillas morunas, de las que pasó a Gran Tarajal una pareja en los años sesenta y hoy constituye una plaga que puebla madrigueras por toda la isla. En el mar se encuentran el sargo, la vieja, la sama, la breca, el bocinegro, el besugo, el bonito, la bicúa, la caballa, el pez espada y la sardina, entre otros muchos, además de toda clase de crustáceos y moluscos de entre los que son típicos mejillones, lapas, burgaos (bígaros) y patas de cabra (percebes).

En Fuerteventura se han declarado varios parajes de interés natural: la Montaña de Tindaya, Vallebrón, la Montaña Cardón, el Malpaís de la Arena, El Saladar y la Caldera de Gairía, así como algunos parques naturales como las Dunas de Corralejo, la isla de Lobos, Pozo Negro, Jandía o Betancuria. Disponiendo de buena información, Fuerteventura es un paraíso para senderistas.

Cómo llegar

Por mar. El barco de Trasmediterránea llega desde Barcelona y Cádiz. También existen ferries que hacen trayectos entre Las Palmas de Gran Canaria y Puerto del Rosario y Morro Jable, pertenecientes a las compañías Naviera Armas y Fred Olsen. Las dos últimas empresas unen también Corralejo con Playa Blanca (Lanzarote), en un brevísimo trayecto que posibilita a los visitantes de ambas islas emplear un día en conocer la vecina.

Por avión. Además de los ATR de Binter Canarias e Islas Airways, que enlazan con numerosos vuelos los distintos aeropuertos del archipiélago, vuelan diariamente de Madrid a Fuerteventura las compañías Iberia, Spanair y Air Europa. Además, algunas compañías programan vuelos chárter en verano desde diversos puntos de la Península. Sin embargo, los vuelos más numerosos son los procedentes de aeropuertos alemanes, británicos y escandinavos.


Alquiler de coches

Existen numerosos establecimientos en el Aeropuerto, en la capital y en todos los núcleos turísticos de la isla. Principalmente operan las compañías Avis, Record Rent a Car, Cicar, Hertz y Pepecar.

Alojamiento rural

Pese al atractivo evidente de la isla para este tipo de hospedaje, la oferta de casas rurales en Fuerteventura no es lo que podría ser. Existen magníficos establecimientos, tanto de alquiler íntegro como por habitaciones, en Guisguey (muy cerca de Puerto del Rosario: Casa Valen), Antigua (Era de la Corte), Villaverde (muy cerca de La Oliva: Mahoh) o El Roque (entre La Oliva y El Cotillo: Casa Tile). Sobre todos destaca Casa Isaítas, en Pájara, por la sincera amabilidad del personal, por el encanto especial y la autenticidad de la vivienda y por su emplazamiento.

Alojamiento en hotel

No faltan los hoteles prácticamente a pie de playa. Teniendo en cuenta que las playas de la isla son de las mejores y menos masificadas de Europa, conviene no descartar esta oferta. En pleno Parque Natural de las Dunas de Corralejo se encuentra el Riu Oliva Beach (***). En El Castillo, el Barceló Fuerteventura (****) ofrece la diferencia de contar con un magnífico centro de talasoterapia; y el lujoso Elba Palace Golf (*****), atractivo para los aficionados a este deporte y para aquéllos a quienes agrade la comodidad, se halla situado en el centro de una enorme y artificial mancha de vegetación en medio de los eriales del este del municipio de Antigua. En la península de Jandía abundan los resorts turísticos; es muy agradable -y bastante aislado- el Sol Gorriones (****), en la playa de la Barca, muy cerca del emplazamiento donde se celebra anualmente el campeonato mundial de windsurf. Remitimos al lector a los vínculos publicitarios para más información.


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Restaurantes

Además de otros guisos canarios, en que el gofio puede resultar un ingrediente casi exótico, Fuerteventura es lugar ideal para probar el baifo (cabrito lechal); asado con ajos es exquisito. Desde luego, el pescado es fresquísimo en cualquier villa costera y, para los no canarios, sorprendente por su variedad.

Existe una abundante oferta de restaurantes en toda la isla, y en casi todos los próximos al mar ofrecen un buen pescado fresco. Aun así, existen algunos bocados especialmente recomendables. En Corralejo, no se puede dejar de visitar La Marquesina, donde preparan magníficamente los pimientos rellenos, la vieja y la sama sancochadas (hervidas) o a la espalda (a la plancha con ajos) y las cabrillas fritas; por no hablar del delicioso y contundente postre de manzana que es preciso encargar cuando falten unos diez minutos para acabar con el segundo plato. Sin salir del municipio, La Vaca Azul se asoma al muelle chico de la pequeña localidad pesquera de El Cotillo y ofrece atardeceres bellísimos y un pescado muy fresco y bien preparado.

En Puerto del Rosario merece la pena visitar el Julio César (calle Virgen de la Peña), que ofrece estupendas pizzas horneadas a la vista del cliente y unas pastas frescas deliciosas. Ezio, el dueño, regañará con notable escándalo al cliente que pretenda echarle parmesano a la pasta con salmón. Un restaurante nuevo con buena cocina española, buenos precios y toques imaginativos es El Veril de Puerto (calle León y Castillo), y un lugar para tapear es Mar & Monte (Paseo Marítimo). Bajando al sur, la relativa densidad de turistas por metro cuadrado hace la búsqueda de un buen restaurante más difícil; sin embargo, cualquier pescado en cualquiera de los restaurantes de Las Playitas será exquisito. En Gran Tarajal y en Morro Jable hay que acudir a las respectivas cofradías de pescadores, que dan buen material a precios asequibles; en la última el medregal, acompañado de una ensalada de tomate y un poco de queso de cabra, es bocado exquisito. En Pájara hay que parar en Casa Isaítas y probar su cocina casera, que incluye unos deliciosos postres de los que se puede pedir una tabla surtida. Y en el Puertito de la Cruz, en el extremo suroccidental de la isla, adonde sólo se llega por pista de tierra, es tradicional comer –en cualquiera del puñado de restaurantitos que existen en el poblado– el caldo de pescado acompañado del tradicional gofio.

No por casualidad dejamos para el final el restaurante Fabiola, hoy (tras algunos años en Valle de Santa Inés) en La Ampuyenta, muy cerca de la capital y más de Antigua. Dirigido por dos belgas que un día decidieron retirarse de los brillos del éxito y del bullicio, se puede afirmar sin miedo a exagerar que ofrece la mejor cocina que uno podría encontrar en París, Bruselas o Madrid, pero a un precio infinitamente inferior y rodeado de naturaleza. La exquisitez y sofisticación de los platos, la decoración, el ambiente de lujo espiritual y el trato especialísimo consiguen hacer de una velada en Fabiola un momento inolvidable (véase artículo extenso).

Museos

El Cabildo de Fuerteventura presta gran atención a su Red de Museos, que hoy constituye una de las consejerías del gobierno cabildicio. Si bien la política museística y su gestión no es siempre la más acertada -las carencias de formación y de presupuesto se reflejan en los resultados-, su interés intrínseco y la gran estima por la cultura propia que destilan los museos hacen de ellos lugares imprescindibles. Especial acierto se ha alcanzado con la restauración de los conjuntos de arquitectura popular implicados. Cabe calificar de sobresalientes el Ecomuseo de La Alcogida (Tefía; véase artículo) y la Casa Museo Unamuno (Puerto del Rosario; véase artículo sobre el destierro del escritor en Fuerteventura). Muy interesantes son también el Centro de Artesanía Molino de Antigua, la Casa Museo del Doctor Mena (La Ampuyenta; véase artículo), el yacimiento paleontológico de la Cueva del Llano, el Museo de Betancuria (véase artículo), el yacimiento arqueológico de La Atalayita, el Centro de Interpretación de los Molinos (Tiscamanita; véase artículo), el Museo del Grano Casa de la Cilla (La Oliva; véase artículo) o el Museo de la Sal (Salinas del Carmen). En Betancuria existe un segundo centro, el Museo de Arte Sacro, de titularidad eclesiástica.

Otros lugares que visitar

Una vista admirable se alcanza desde lo alto del mirador de Morro Velosa, en la carretera de Antigua a Betancuria. En lo alto del morro hay un restaurante muy poco interesante, especializado en atender a autobuses repletos de turistas alemanes, pero con un excelente (y ventoso) mirador. Si el restaurante está cerrado (la concesión es del Cabildo y suele estar mal gestionado), merece la pena detener el vehículo en los apartaderos para echarle un vistazo, mapa en mano, a toda la mitad norte de la isla. Si hace buen tiempo, se llega a ver Lanzarote.

Por nada del mundo hay que marcharse de Fuerteventura sin visitar los restos del American Star, un transatlántico norteamericano varado en 1994 en la costa occidental del municipio de Pájara. Hay varias pistas de tierra que conducen a la playa de Garcey; la que sigue el curso del barranco de la Solapa está indicada mediante un precario cartel pintado a mano con la inscripción "BARCO", al borde de la carretera que baja de Pájara hacia La Pared. Pero si uno da con el camino que baja por el barranco de Vigocho, el acceso al singular espectáculo será emocionante. Merece la pena desviarse de la ruta y poner a prueba los amortiguadores del coche (véase artículo con una historia detallada del barco y su naufragio).